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Fernando Lugo, encrucijada vaticana

Obispo Lugo

Fernando Lugo, electo presidente de Paraguay, es el caso emblemático de la encrucijada del Vaticano en la interpretación de la función del sacerdote en política activa y especialmente del obispo.

Luego de diversas tramitaciones, el Vaticano prohibió a Fernando Lugo ejercer como obispo, pero le negó la solicitud de pasar al estado laical y le prohibió ejercer actividad política directa. La desobediencia de quien ya se le llama obispo de los pobres lo llevó a la presidencia de una nación.

En aquella oportunidad, el Papa habló por medio del Prefecto de la Pontificia Congregación para los Obispos, el cardenal Giovanni Battista Re con el argumento de que ‘La candidatura política de un obispo será un motivo de confusión y de división entre los fieles, una ofensa al laicado y una clericalización de la misión específica de los laicos y de la misma vida política’, como cita Silvina Premat, en La Nación de 21 del abril.

Lugo no está excomulgado, pero no puede oficiar misa. Se entiende que esa decisión del Vaticano es coherencia con la postura eclesiológica de la Iglesia Católica Romana (ICR). Re insistió en un concepto que explicita esa concepción. El obispo no puede sustituir indebidamente a los laicos en la misión propia de éstos’, es decir cada uno en su lugar, eco de lo que en otros tiempos se enseñaba en las escuelas los chicos con los chicos, las chicas con las chicas.

En su nota, Silvina Premat trae a colación el caso del obispo Joaquín Piña, en Argentina, que participó activamente y fue referente especial en el momento que se propuso la reforma de la Constitución de Misiones. Es un caso parecido, pero no igual. A Piña no se le prohibió la participación política activa. Se interpreta que su actuación se consideró como de política mayor.

De todas formas su actitud fue muy debatida entre sus pares argentinos. Algo igual, pero con menos polémica fue la participación del obispo Jaime de Nevares, de Neuqu�n, cuando fue candidato y luego electo constituyente en la reforma de la Constitución Nacional.

En América Latina hubo otros casos. Están Ernesto y Fernando Cardenal, ministros en el gobierno sandinista en la década del 80. Ambos fueron sancionados por el Vaticano.

Es importante anotar que, según indica Silvia Premat Tres décadas después, la Santa Sede sigue recibiendo pedidos de obispos o sacerdotes de diferentes lugares del mundo para participar en listas electorales.

En Clarín del 23 de abril, Carolina Brunstein da a conocer las declaraciones del arzobispo de Asunción, monseñor Pastor Cuquejo. Según él, la situación de monseñor Lugo continúa siendo la misma, sigue siendo obispo de acuerdo al derecho canónico, y lo seguirá siendo siempre. Agregó que ‘Ciertamente las elecciones dieron este resultado, y la Santa Sede tendrá que aclarar finalmente la situación de monseñor Lugo’ El Arzobispo cree que la opinión del Vaticano debería surgir antes de que Lugo asuma el pode presidencial.

Cuquejo fue claro sobre la complejidad que se enfrenta el Vaticano en el caso de Lugo. Es la primera vez en el mundo que ocurre algo así, y va a establecer seguramente una jurisprudencia en la Iglesia Católica. Desde el Derecho Canónico queda establecido que una vez recibida la ordenación de obispo no puede ser anulada ni suspendida ‘ad tempos’. Es lo que se conoce como de carácter indeleble y permanente’.

También en Clarín Sergio Rubin trata el tema de Lugo. Se hace eco de lo que dicen que, por estas horas, el papa Benedicto XVI medita en soledad que hacer. Solo en sus manos, se asegura, está la decisión sobre una eventual revisión de la situación eclesiástica de Fernando Lugo, protagonista de un caso singular en el catolicismo: la de un obispo que llega a la presidencia de un país, el Paraguay, contrariando las normas canónicas -que impiden la incursión de un clérigo en la política partidaria- y, por ello, sancionado por el Vaticano cita el columnista religioso Sergio Rubín en Clarín del 21 de abril.

Para Rubín el brete parece más politico que eclesiástico. Pregunta  ¿Es conveniente que un mandatario de un país mayoritariamente católico, que llegó por el voto popular, está sumido en un entredicho de competencias con la Iglesia? Una salida es el pedido de dispensa reducción al estado laical- pero esta ya le fue negada a Lugo. Rubén opina que si bien la Santa Sede suele ser muy contemplativa con los sacerdotes, es inflexible con los obispos.

El periodista recuerda que cuando el obispo argentino Jerónimo Podest pidió la dispensa para casarse con su secretaria Clelia Luro, tampoco le fue concedida.

Lo de Podest tuvo ribetes muy oscuros por la forma inhumana que la jerarquía de la ICR ignoró su actuación, una persona popularmente muy querida, al igual que su esposa Clelia. Fue humanamente incomprensible que al morir Podest, su velatorio se hiciese en las instalaciones de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Por cierto que fue un relevante acto de reconocimiento al obispo Podest, eso es indudable, pero el Episcopado de la ICR local no hizo ningún gesto de hacerse cargo del velatorio y ninguno de sus pares asistió al velatorio ofrecido por el poder político municipal.

Resulta interesante el comentario de Rubin sobre lo que ocurriró. Dice que el caso de Fernando Lugo conlleva una lectura adicional: Benedicto XVI seguramente quiere reafirmar la negativa a la incursión de clérigos en política. Otra cosa es que Roma cultive una relación con Lugo por respeto a la institución presidencial. Por eso, en medios eclesiásticos se especula con que Benedicto XVI podría dejar las cosas como están.

El sociólogo y teólogo Máximo García Ruiz, de España, examina a Lugo, obispo, desde otro ángulo sin salirse del centro del problema. En la publicación española Lupa Protestante publica la nota titulada. Una teología creativa. Deja los hábitos para combatir la pobreza. Allá, García Ruiz detalla que:

Fernando Lugo es uno de esos clérigos latinoamericanos que se tomaron en serio la doctrina del Concilio Vaticano II y aceptaron que el mensaje de Jesús.

Jesús hace una opción preferencial por los pobres; y que esa opción lleva implícito no solamente un mensaje salvacionista, sino un compromiso social; que la teología no es un mero ejercicio intelectual que se elabora en los despachos y se presenta en las facultades, sino un compromiso vital que se incardina en el campo, en la calle, en las plazas públicas, en la sociedad; que la ortodoxia, es decir, la pura doctrina, se convierte en algo hueco y estéril cuando no se transforma en ortopraxis, una reflexión crítica que conduce al compromiso y a la transformación de la sociedad. Pero para entonces el Concilio Vaticano II había dejado de ser atractivo para Roma. Y su jefe actual, Benedicto XVI, ha decidido suspenderle para el ejercicio de sus funciones episcopales.

Para Máximo García Ruiz, Lugo no es ni de izquierdas ni de derechas, sino un practicante de la teología de la liberación. Habría que analizar si esto no es la principal piedra de tropieza.

La interpretación de García Ruiz de que las motivaciones de Lugo responden a convicciones internas y trascendentes, que representan una ventana abierta a la esperanza y que cree que teología y política van de la mano; que compromiso social y fe son partes de un todo son demasiadas osadas para el perfil de persona e iglesia que se diseña detrás de los muros vaticanos.

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