Una mujer murió en Bogotá después de una toma de yagé.
Estaba enferma y, al parecer, asistió con la esperanza de curarse por recomendación de un homeópata. Funesto desenlace, que plantea varias inquietudes.
Las tomas de yagé -una liana alucinógena de amplia tradición como recurso curativo y ceremonial entre grupos indígenas como los ingas, del Putumayo- no son novedad en Colombia. Y no lo son tampoco a nivel urbano. Allen Ginsberg, poeta neoyorquino, se recuerda por su entusiasta travesía en los 60 por el Amazonas en busca del yagé. Hoy, ‘taitas’ y ‘médicos tradicionales’ más o menos auténticos ofrecen tomas por 40.000 pesos u organizan excursiones a las que hay que llevar saco de dormir y consignar 207.000 pesos en una cuenta.
Una forma de ‘rumba’ con no pocos adeptos y que puede contener altas dosis de irresponsabilidad al incluir a ‘foráneos’ en ritos ancestrales que involucran sustancias alucinógenas. De quienes asisten a tomas de yagé solo parte lo hace por interés de conocer las dinámicas culturales de los que practican este ritual desde hace siglos.
Habrá que indagar las responsabilidades en la muerte de esta mujer en Bogotá. Las suyas propias, las del médico inga tradicional que le dio el brebaje; las del homeópata que, al parecer, se lo recomendó. En todo caso, es un campanazo de alarma sobre el uso peligroso de medicina alternativa. Y sobre los riesgos que entraña una forma de ‘rumba’ sin ninguna regulación ni vigilancia.
Si bien la Constitución de 1991 permite la existencia de una legalidad paralela para las comunidades indígenas en Colombia, es imperativo regular la forma en la que ciertas manifestaciones culturales -y medicamentos- se filtran al resto de la sociedad. En principio, los derechos que las protegen se limitan a sus comunidades, y fuera de ellas, en ciertos casos, deberían ser objeto de regulaciones legales normales, en especial cuando ponen en riesgo la salud y la vida. Que el yagé sea un alucinógeno fuerte solo hace más aguda esta cuestión.
Cabe criticar también a los curiosos que se embarcan en una ‘rumba’ que desvirtúa los usos milenarios de sustancias como el yagé. A lo cual contribuyen los indígenas que se prestan para su comercialización. De allí que también sea responsabilidad de las autoridades indígenas regular claramente el uso de tales sustancias por fuera de sus comunidades.

me parece triste e ignorante primero que se refieran al yage como una rumba.
es una planta sagrada utilizada por miles de indigenas de suramerica como tradicion cultural y segundo ojo somos ignorantes del tema antes de hablar de algo seria chevree conocerlo en toda su dimension ,cuanta gente no se muere en clinicas por negligencia de medicos y no pasa nada eso se vuelve normal.
pero como son los indios ahi si viene el problema.
claro esta que hay mucho irresponsable dando yage sin seguir una tradicion y por negocio pero para eso deben estar los taitas quesean ellos los que opinen que mecanismo deben tomar para evitar eso.
y el que quiera tomar yage que busque un verdadero taita, lo que pasa es como el blanco desconoce toma con cualquiera difrasado con collares, pero para eso estan los abuelos tienen mas de 80 años esos si saben.