Esta técnica, que también se aplica en algunas clínicas de fertilización asistida de la Argentina, genera un fuerte debate en torno a sus implicancias éticas.
(Agencia CyTA-Instituto Leloir. Por Bruno Geller) - En el pasado, la pregunta ¿nena o varón? tenía respuesta el día del parto. A partir de la década de 1970, se desarrollaron distintas técnicas de diagnóstico prenatal que permiten conocer con anticipación el sexo del bebé durante el embarazo. Hoy en día, los avances científicos permiten programar el sexo de la descendencia.
(Agencia CyTA-Instituto Leloir. Por Bruno Geller) - En el pasado, la pregunta ¿nena o varón? tenía respuesta el día del parto. A partir de la década de 1970, se desarrollaron distintas técnicas de diagnóstico prenatal que permiten conocer con anticipación el sexo del bebé durante el embarazo. Hoy en día, los avances científicos permiten programar el sexo de la descendencia.
Desde hace más de una década, las clínicas de fertilización asistida comenzaron a emplear el Diagnóstico Genético Preimplantatorio (DGP), una técnica que consiste en el análisis de una célula extraída de embriones obtenidos por Fertilización in Vitro (FIV), a fin de seleccionar aquellos que no presentan anomalías genéticas que predisponen a graves enfermedades. Este estudio fue diseñado originalmente con ese objetivo, pero de forma paulatina, algunas clínicas comenzaron a utilizarlo también para brindar a las parejas la posibilidad de elegir el sexo de su bebé. Mediante el DGP es posible detectar en la célula extraída la presencia del cromosoma X o Y, que determinan el sexo femenino y masculino respectivamente. Luego se transfiere el embrión elegido al útero. En la Argentina, este estudio (que en realidad abarca diferentes etapas) cuesta cerca de 14.500 pesos.
Selección de embriones
La selección del sexo de los embriones comenzó como una práctica aislada, pero luego se extendió en los Estados Unidos. Un estudio elaborado por el Centro de Genética y Políticas Públicas (GPPC, según sus siglas en inglés) en Washington D.C. (Estados Unidos) revela que más del 40 por ciento de las clínicas especializadas en fertilidad y reproducción de ese país permite que las parejas elijan el sexo del bebé.
Fue así que esa práctica se expandió a otros países y adquirió nombre propio. “El consorcio sobre Diagnóstico Preimplantatorio de la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE), que agrupa a 67 laboratorios de diagnóstico preimplantatorio alrededor del mundo, acordó hace cuatro años en llamar PGSS (en lugar de DGP), según sus siglas en inglés, al diagnóstico preimplantatorio para sexado sin motivaciones médicas”, explica el doctor Roberto Coco, miembro fundador y director del Laboratorio de Genética y Reproducción de Fecunditas, centro privado que realizó en la Argentina la primera intervención de ese tipo en 1998, en una pareja con riesgo de tener hijos con hemofilia.
“En Fecunditas, de aproximadamente ciento cinco procedimientos de diagnóstico preimplantatorio que realizamos al año, cinco corresponden a PGSS aunque las consultas van en aumento“, afirma el doctor Coco.
Según el especialista, la mayoría de las parejas que piden el PGSS son aquellas que tuvieron hijos de un determinado sexo y que les gustaría tener otro, de otro sexo.
La doctora Susana Sommer, experta en bioética y profesora de Ética en la Maestría de Biología Molecular Médica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señala algunas de las tantas motivaciones que llevan a los padres a elegir a un varón o a una nena: “En algunas culturas confieren mayor valor a los hijos varones, en otros casos, la aspiración es equilibrar la cantidad de hijos de cada sexo y, a veces, se pretende reemplazar un hijo muerto por otro del mismo sexo”.
Según el especialista, la mayoría de las parejas que piden el PGSS son aquellas que tuvieron hijos de un determinado sexo y que les gustaría tener otro, de otro sexo.
La doctora Susana Sommer, experta en bioética y profesora de Ética en la Maestría de Biología Molecular Médica de la Universidad de Buenos Aires (UBA), señala algunas de las tantas motivaciones que llevan a los padres a elegir a un varón o a una nena: “En algunas culturas confieren mayor valor a los hijos varones, en otros casos, la aspiración es equilibrar la cantidad de hijos de cada sexo y, a veces, se pretende reemplazar un hijo muerto por otro del mismo sexo”.